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22:07h. martes, 30 de noviembre de 2021

Mueve miles de millones de dólares en el mundo

La tusa

Hace unos días vengo escuchando una canción que tiene las tonalidades perfectas como para una pasada de tragos un viernes en la noche y fijándome aún más en la letra dice lo siguiente: “Y sé que no éramos perfectos, pero nunca me sentí así por nadie. Y simplemente no puedo imaginarme cómo podrías estar tan bien ahora que no estoy.”  Es una de las frases de la canción número uno de esta semana, Drivers License por Olivia Rodrigo, chica Disney, ahora la representante de las tusas adolecentes y pensaría en mi humilde opinión, que una posible heredera natural de Taylor Swift, quien subió al estrellato mundial de la música pop gracias a la “Tusa”.

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La Tusa

Cada una de las canciones surgidas de ese interior infinito y tormentoso de la “Tusa” son éxitos asegurados, interpretados por artistas de todos los géneros, desde el pop internacional, pasando por toda la más variada gama, hasta los confines de la música popular de cualquier sociedad de la tierra. La “Tusa” desde que existe la música y la misma humanidad, ha generado mares de tinta llegándose a convertir en una industria poderosa que mueve miles de millones de dólares en el mundo y no solo para la industria musical, de la “Tusa” se alimentan psicólogos, médicos, comerciantes de toda índole, medios de comunicación y hasta políticos, pero, ¿Por qué este estado doloroso del ser tiene tanta acogida?

Observando el comportamiento de las masas alrededor de canciones como la antes mencionada, logran tener cierto calado en los corazones de quienes se sienten identificados con ese dolor ajeno, a tal punto que lo convierten en suyo, y se llora y se canta y se embriaga porque en últimas, el dolor que produce una “Tusa” se convierte en el detonador de un exorcismo, un rompimiento de parámetros, un salir a tomar aire antes de sumergirse en la rutina de una vida predecible, una revolución, donde por cada bocanada de aire, por cada grito de dolor enmarcado en las estrofas de una canción, se obtiene una cierta libertad y bienestar, efectos solo comparables con los que produce la droga.

Y es por eso, que la “Tusa” pude producir adicción, si, adicción de “Tusa”. Suena extraño pero la potencia que trae este tipo de dolor genera que en vez de querer salir de ella en muchos casos se siente no querer que termine, se convierte en un motivo para volver a dar ese grito de revolución y ese instante de tener la precepción de que alguien compartió mal o bien su ser conmigo, pero profundizando más allá, se trata del miedo ancestral a la soledad.

Finalmente, dejo una pregunta para aquel que se encuentra leyendo este corto artículo, ¿y qué tal tu “Tusa”?

Por: Diana Rozo S.