Fracaso anunciado: la “Paz Total” de Petro y Cepeda que hoy fortalece al crimen
Lo que ocurrió en el Valle del Cauca no admite eufemismos. No fueron “hechos aislados”, no fue “violencia residual”. Fue la confirmación de un fracaso.
Dos atentados en menos de 24 horas —uno en Cali contra una instalación militar y otro en Palmira— son la evidencia más reciente de que la política de “Paz Total”, liderada por el presidente Gustavo Petro y defendida con vehemencia por el senador Iván Cepeda, no solo no ha contenido la violencia: ha contribuido a su transformación y expansión.
Un fracaso con responsables
Aquí no hay lugar para ambigüedades. La estrategia fue diseñada desde el poder político y hoy sus consecuencias se sienten en el territorio.
El Gobierno apostó por negociar simultáneamente con múltiples estructuras armadas, bajo la premisa de que el diálogo reduciría la violencia. Pero lo que se observa en regiones como el Valle del Cauca es exactamente lo contrario: grupos que aprovechan el escenario para fortalecerse.
El resultado es un modelo donde los criminales no tienen que elegir entre delinquir o negociar. Pueden hacer ambas cosas.
Y lo están haciendo.
Las estructuras que hoy desafían al Estado
Los atentados recientes no surgieron de la nada. Responden a organizaciones concretas:
- La columna “Jaime Martínez”, vinculada al llamado Estado Mayor Central, bajo la influencia de alias Néstor Gregorio Vera Fernández, con amplio historial de ataques, control de rutas del narcotráfico y presencia en el suroccidente.
- La estructura “Dagoberto Ramos”, con operaciones activas en Cauca y Valle, señalada por secuestros, hostigamientos y presión armada sobre comunidades.
- En lo urbano, bandas como “La Inmaculada”, que han convertido municipios como Tuluá en enclaves de criminalidad organizada.
Estas estructuras no están debilitadas. Están activas, articuladas y en expansión.
La permisividad como política de facto
El problema no es solo la existencia de estos grupos. Es el contexto en el que operan.
La “Paz Total” ha generado, en la práctica:
- Espacios de menor presión militar en zonas estratégicas
- Ambigüedad frente a organizaciones que siguen delinquiendo mientras dialogan
- Incentivos perversos para mantener economías ilegales activas
Esto no es una interpretación ideológica. Es lo que muestran los hechos: atentados, reclutamiento de menores, control territorial y expansión criminal.
Petro y Cepeda: la apuesta que salió mal
El presidente Gustavo Petro y el senador Iván Cepeda defendieron la “Paz Total” como una ruptura histórica con las políticas de seguridad del pasado.
Pero hoy esa ruptura parece haber dejado un vacío.
Un vacío que están llenando las disidencias, las bandas criminales y las economías ilegales.
Porque mientras el Gobierno insiste en el discurso de paz, los grupos armados siguen acumulando poder real.
Y el Estado, en muchos territorios, retrocede.
El Valle del Cauca: evidencia del fracaso
El Valle del Cauca es hoy uno de los mejores ejemplos de lo que ocurre cuando una política pública falla en su implementación:
- Multiplicidad de actores armados disputando territorio
- Aumento de atentados y acciones terroristas
- Consolidación de economías ilegales
- Comunidades atrapadas sin protección efectiva
Los hechos recientes en Cali y Palmira no son excepcionales. Son representativos.
Conclusión: cuando la realidad desmiente el discurso
La “Paz Total” no puede seguir evaluándose por sus intenciones. Debe medirse por sus resultados.
Y los resultados, hoy, son preocupantes.
Porque cuando una política permite que los grupos armados negocien mientras se fortalecen, deja de ser una estrategia de paz y se convierte en un error estratégico.
Un error que tiene responsables.
Postdata:
El país no necesita más discursos sobre paz mientras los territorios siguen bajo fuego. Necesita una estrategia que combine diálogo con autoridad, negociación con control y, sobre todo, decisiones que no terminen favoreciendo a quienes siguen empuñando las armas.